viernes, 31 de octubre de 2008

Día extraño

Mi último día de encierro de esta semana...largo dia el que me espera...
Hoy hace algo de frío, pero no tanto como días atrás. Ha dejado de llover e incluso parece que se cuela algún rayito de sol. Debería estar contenta...
Pero la verdad que el estar aquí metida acaba con todas las alegrías e ilusiones, sólo consigo sentir agobio, frustracion, tristeza y ansiedad.
Y quedan dos días por delante para poder sentir que vivo, dos días que pasan volando, casi sin rozarme...y demasiadas cosas por hacer...
Me propongo aprovecharlos al maximo, y la verdad que tengo ilusión porque hay buenos planes desde esta misma tarde... quizá conozca personalmente a alguien interesante, mañana veré a mi niña favorita que ha cumplido añitos y está más guapa que nunca!! y el domingo conoceré a Anxo, que como su nombre indica, es un angelito que nació apenas hace unos días...y también veré a mi amor-odio, al que echo mucho, mucho de menos... Y por el que en estos días tengo unos extraños sentimientos...
Así que, a ello voy, a disfrutar, si puedo olvidarme de que el Lunes debo volver a mi encierro, y más temprano que de costumbre, a que me chupen la sangre y a que no sea capaz de despegar los ojos durante todo el día...
Hoy es un día extraño, feliz e infeliz, hoy es un día géminis en todo su esplendor...

lunes, 27 de octubre de 2008

Lluvia maldita

He dicho alguna vez que me encantaba que lloviera, que qué bien mojarse bajo la lluvia...etc???
Bueno, pues hoy llueve, y no me gusta nada.
Es de esas lluvias jodonas, que ni mojan ni dejan de mojar, incómoda, que dejan un raro olor en el ambiente, con un gris en el cielo para nada comparable con dias atrás...aquél si era un gris bonito, y una buena lluvia, de esas que hacen charcos transparentes y de las que las gotas te resbalan por el rostro...
Hoy no quiero que llueva, hoy detesto que llueva. Qué géminis soy.
Hoy es uno de esos días en que la lluvia te contagia de tristezas, de dolor de cabeza y de agobios...
Hoy es un día en que el reloj se ha parado en la peor hora, donde ha dejado de sonar el tiempo...
Que haces cuando no puedes escapar de tu encierro???
La puerta abierta de par en par y yo no puedo salir... alguien me viene a buscar y me rescata???????????

viernes, 24 de octubre de 2008

La frase



" Cualquier día tarde o temprano,
te encontrarás a ti misma,

y ese será en esencia,
el día más feliz o más amargo de tu vida "




martes, 21 de octubre de 2008

Lluvia bendita


Hoy es uno de esos dias en que no me molesta que llueva, todo lo contrario.
Llevo un buen rato mirando por el cristal a la gente pasar con sus paraguas y sus botas, con cara de frio y no puedo evitar esbozar una sonrisa.
Hoy me apetecia estar ahi, con mis botas y mi abrigo, con mi paraguas parroquiano y caminar por la calle, meterme en los charcos, desear llegar a casa para secar mis pies y ponerme unos gordisimos calcetines de lana, y acurrucarme en el sofa y cubrirme con una manta... Porque hoy queria que lloviese, hoy queria que el agua borrase estas ultimas semanas y que mañana saliese el sol, porque tengo ganas de empezar de nuevo, como tantas veces...
Me gusta empezar, con ganas, con fuerza, con propósitos... a pesar de tener la certeza de que no llegaran nunca a un final...soy así, qué le vamos a hacer...pero yo sigo insistiendo, renuevo las ganas y me propongo que esta vez sí, esta vez llegare a la meta...

viernes, 17 de octubre de 2008

Soñando sueños


Sonaba el despertador, mezclado con el sueño estraño que durante la noche había ocupado su mente, estiró el brazo y palpó hasta poder apagarlo. No quería levantarse, el cuerpo le pesaba y sentía que no había descansado a pesar de haber dormido casi 8 horas.
Hizo un esfuerzo y encendió la pequeña luz de la mesita de noche, se sentó en la cama y se giró para comprobar que no había despertado a su marido. No, seguía profundamente dormido, seguramente había llegado muy tarde la noche anterior.
Se dirigió al baño y abrió el grifo de la ducha, se desvistió y dejó que el agua la reconfortara y la ayudara a tomar fuerzas para afrontar el día.
Preparó café y tostadas y se sentó tranquila a desayunar en silencio, pensaba en lo largo que se le haría el día en la oficina, como siempre, y un halo de tristeza se instaló en su rostro.
Agarró su maletín y cogió las llaves del coche.
Atasco de nuevo en la avenida, otra vez llegaría tarde, aunque no le importaba demasiado, bastante horas regalaba todos los días a su empresa...
El pitido al fichar en la entrada hacía de pistoletazo de salida a las horas eternamente lentas del día.
Encendió el ordenador y se quedó un rato observando el fondo de pantalla.
Durante las siguientes horas hizo ver que trabajaba, entreteniéndose de más en las pocas tareas que tenía. Sin hacer demasiado caso a lo que ocurría a su alrededor, casi se había convertido en una autómata, no tenía ilusión en lo que hacía, pero necesitaban el dinero, las cosas no eran fáciles, y no podía permitirse dejar el trabajo.
Llegó la hora de comer y regresó a casa. El silencio era la única compañía allí. Quitó el envoltorio de plástico que cubría el plato precocinado que disafrutaría ese día. Escuchaba el tic tac del microondas como el tic tac de su reloj vital.
Se sentó frente a la tele apagada y siguió un rítmico ir y venir del tenedor a la boca.
Recogió lo poco que había ensuciado y fué al baño a lavarse los dientes y refrescar el rostro. Se miró en el espejo.
Que había pasado con su boca...sus ojos, el color de su piel...parecía como si su rostro se fuera difuminando con el paso de los años. Cada vez le costaba más reconocerse.
De vuelta a la oficina a seguir la rutina unas horas más.
Salió cuando ya el día llegaba a su fin, la gente hacía las últimas compras y recados. Todo el mundo se dirigía sus casas a encontarse con su familia. Y ella sólo podía pensar que cuando llegara a casa no habría nadie para recibirla.
Abrió la puerta y la abrazó la oscuridad, encendió la luz de la habitación y se sentó en la cama. Se quitó lentamente los zapatos estrechos que tanto daño le hacían, muy lentamente, recocijándose en el dolor que le producían y el alivio que sentía al mismo tiempo. Quizá ese ritual diario le recordaba que seguía viva.
Se dejó caer en la cama. Hoy no cenaría, quizás así perdiera algunos quilos que le sobraban desde hace mucho tiempo. Había dejado de preocuparle su aspecto, sin saber muy bien cómo y cuando pasó. Recordaba lo coqueta que era de joven, cuando le daba vergüenza bajar la basura en zapatillas y se arreglaba por si alguien la veía.
Hizo un esfuerzo por intentar recordar que había pasado para llegar al día de hoy de esa manera. Sola, infeliz, sin ganas de nada... quiso descubrir el motivo por el que ya nunca se maquillaba, cuánto tiempo hacía desde la última vez que había ido de compras o cuando había sido la última visita a la peluquería...
Que importa, pensó, al darse cuenta de que hacía demasiado tiempo y que las respuestas sus preguntas no la reconfortarían, le costaba enfrentarse a su realidad. Despejó su mente de esos pensamientos mientras se incorporaba de nuevo.
Miró el reloj. Las diez de la noche. No sabía qué hacer con el tiempo que restaba para la hora de dormir. Pensó en cocinar algo para cuando regresara su marido. Pero quizá ya hubiese cenado antas de regresar a casa...
Se dedicó a planchar camisas mientras su mente empezaba a imaginarse situaciones. A veces le ocurría, su mente volaba e imaginaba que le ocurrían cosas fascinantes.
Soñó con un lugar lejos de su ciudad, en un pequeño bar con poca gente, una noche de invierno. Se vió sentada en la barra, con un cigarro en la mano y una copa de martini recién servida. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta, con los ojos maquillados y los labios de color carmín. Llevaba un vestido negro entallado, que dejaba ver sus hombros y sus piernas cubiertas de unas medias transparentes de color negro. Sus pies se rodeaban de unos preciosos zapatos rojos de charol, de altos tacones y con una cinta que rodeaba sus tobillos.
Sonaba una musica agradable y había una ligera niebla producida por el humo de los cigarrilos.
Vió a un hombre algo mayor que ella, con algunas canas en su pelo y unas pequeñas arrugas en los extremos de sus ojos. Estaba sentado al final del bar, observando una pequeña caja de cerillas que reposaba al lado de su mano apoyada en la barra.
Ella se quedó mirando la calma que desprendía aquel hombre, al que parecía no importarle que las horas pasaran por su lado sin tocarle.
Empezó a sentir la necesidad de saber algo más sobre aquel personaje que había llamado su atención, quizá porque era el único hombre en el bar que no la había mirado ni una sola vez.
Le hizo una seña al camarero y le dijo que le pusiera una copa a aquel hombre de su parte. Así lo hizo el camarero, algo sorprendido por el atrevimiento de aquella hermosa mujer.
El hombre levantó la mirada al acercarse el camarero, y dirigió su mirada hacia ella mientras esbozaba una pequeña sonrisa. Agarró la caja de cerillas y la copa, y se dirigió a su encuentro.
Dejó la copa al lado de su martini, ella agarró un cigarro con el que calmar sus nervios. Él sacó una cerilla y le dió fuego mientras ella lo miraba directamente a los ojos, hasta que se encontró con la mirada profunda de él que la ruborizó.
Se sentó a su lado, quizás de masiado cerca, y rozó su pierna al subirse al taburete. Ella no se movió, dejo que su mano recorriera aquellos pocos centímetros de sensibilidad.
No hablaron, se acompañaron sin querer y cruzaron alguna mirada. Las palabras sobraban, los dos sabían lo que querían, y se entendían.
Terminaron sus bebidas y el la ayudó a ponerse el abrigo de paño. Ella se encaminó a la puerta contoneándose con su único estilo y giró su cabeza para regalarle una pícara mirada de complicidad. El dejó algunos billetes sobre la barra y cogió su caja de cerillas que delizó en el bolsillo de la americana. Salió tras sus pasos.
Ella caminaba decidida hacie el pequeño hotel situado a pocas calles de allí. Abrió la puerta y dejó que él entrara, le hizo un gesto para que la siguiera escaleras arriba. El no dejaba de observar suspreciosas piernas ante su rostro, subiendo cada escalón, manteniendo el equilibrio en aquella altura que le proporcionaban los finos tacones rojos.
Llegaron al cuarto y ella encendió una pequeña luz roja que hizo que aquella vieja habitación maltratada por el tiempo pareciese algo más acojedora.
Se acercó a él sin dejar de observar sus ojos, dejó que su cuerpo rozará el de él y agarró sus manos entrelazando sus dedos. Se quedaron un instante quietos, observándose y descubriendo que sus ojos contaban historias muy parecidas. Ella le besó, suave primero, fugaz...y él la respondió después, lento y profundo. El carmín se difuminó en sus labios, notó su sabor y sonrió.
Le acompañó a la cama e hizo que se sentara. A ella le gustaba llevar el control, dejó que la observara miestras desabrochaba unos por uno los botones de su vestido hasta dejarlo caer sobre la roída alfombra. El observó su cuerpo de piel clara, de medidas perfectas, la recorrió con la mirada desde sus tacones rojos hasta su tez demasiado maquillada. Sintió compasión por ese rostro de niña maltratada.
Ella siguió su ritual durante toda la noche, se dejó sentir princesa, demostró su elegancia y su saber hacer, hasta que sonó un toc toc en la puerta que los despertó de su extenuación. Ella lo miró tumbada en la cama, con ojos complacientes y tristes.
Él acarició su rostro, observó sus ojos emborronados del maquillaje negro y sus labios pálidos. Decubrió a la luz del alba las marcas de su piel, recuerdos de tantos sueños rotos, las cicatrices de antiguos amores de bar.
Se incorporó y se vistió sin dejar de observar aquel cuerpo que le había amado tanto aquella noche, tan entregado y suplicante de afecto.
Dejó un fajo de billetes en la mesilla junto a su caja de cerillas y se fué sin despedirse.
Ella se quedó un rato observando la puerta, pensando que quizás volviera a abrirse y por fin sus sueños se pudieran hacer realidad. Pero no fué así, sólo se oyó la voz profunda del recepcionista diciéndole que debía pagarle el alquiler sino quería que la echara a la calle.
Agarró el dinero de su mesilla y abrió la puerta a quel viejo señor que la miraba condenando. Le entregó el dinero y cerró la puerta. Observó la caja de cerillas en sus manos y descubrió la imagen de un zapato y el nombre de un club. Le dió la vuelta y leyó un numero de teléfono escrito a boligrafo junto a la palabra gracias.
Sintió un dolor agudo y pegó un grito. Se había quemado con la plancha. Corrió al baño a refrescarse con agua la quemadura y se estremeció al haber despertado tan de golpe de su ensoñación.
Desenchufó la plancha y se dirigió a la habitación. Abrió el armario y rebuscó hasta encontrar al fondo un bonito vestido negro. Lo dejó sobre la cama y sacó también unas medias y unos preciosos zapatos rojos de alto tacón. Se maquilló los ojos de negro y pintó sus labios de rojo carmín. Encendió una vela roja en la habitación, se vistió tranquilamente y se sentó coqueta en la cama. Miró el reloj, la 1 de la madrugada.
Se oyó el ruido de la cerradura y unos pasos que se acercaban. Su marido entró en la habitación sorprendido de encontrarla despierta. La miró de arriba abajo sin hablar, sonriendo al verla vestida de aquella manera.
Aquella noche desapareció todo. Se amaron de nuevo. Sin hablar, notando el sabor a carmín.
Hasta que sonó de nuevo aquel despertador. Ella se desperezó y encendió la pequeña luz de la mesita de noche. Abrió el cajón de la mesilla y sacó una vieja caja de cerillas. La dejó sobre la mesita y observó a su marido dormido sobre la cama. Sonrió.
Hoy todo le pareció mucho mejor que ayer, pediría cita en la peluquería y quizá al salir se fuera de compras.

jueves, 16 de octubre de 2008

Miradas


Lo más bonito en esta vida son las miradas.
Las hay de todo tipo, miradas cómplices, pícaras, inocentes, seductoras, matadoras, comprensivas...miradas curiosas, miradas reprochantes, miradas de reojo y miradas directas al corazón...
Se pueden hacer miles de cosas con la mirada, encandilar, sentenciar, avisar, enamorar, odiar...
Y se habla tanto...con una sóla mirada, y la cantidad de cosas que se pueden decir, o entender...
Cuantas veces no habremos escuchado eso de "mírame a los ojos y dime que no me quieres" en tantas y tantas películas...
La mirada no miente.
A quien no le gustó ese juego de miradas con aquel deconocido una noche cualquiera en tu bar de siempre... o esa mirada al despedirte que se te quedó grabada...o la mirada inocente de aquel niño sorprendido con tu juego de magia...
Mírame, mírame siempre, mírame a los ojos, y comprenderé, estaré tranquila y sabré que todo sigue en su sitio.
Por una mirada...

viernes, 10 de octubre de 2008

La curva de tu espalda

La noche caía imparable mientras el frío se colaba por cualquier hueco que encontraba.
Estaba sentada en el sofá, cubierta por una suave manta azul, acurrucada en una esquina pensando lo grande que se me hacía ese sofá sin ti.
De fondo destellos y voces provenientes del televisor, el rítmico sonido de la respiración somnolienta de Drakho y mi propio yo, repitiendo una y otra vez, cuando llegarías... Que más dará, me decía, si cuando llegue estarás dormida y no te enterarás...
Me recosté en el sofá y me dispuse a concentrarme en lo que echaban en la tele. Lo conseguí 10 minutos, y cuando quise darme cuenta mi imaginacion y mis recuerdos se apropiaban de mis pensamientos y te veía. Podía distinguir con detalle cada parte de ti, cada bella arruguita de tus ojos, el brillo de los mismos...podía notar tu presencia, esa que siempre llena todo el espacio, podía tocarte y sentir lo suave que es tu piel, acariciar tu cabeza, notar su redondez, agarrar tu mano y jugar con ella mientras te escucho tararear esas canciones desconocidas por mi y que tanto me gustan.
Desperté de mi ensoñación y sentí que te echaba de menos, mucho más que cualquier otro día, y no entendía que tenía de especial ese día. No me gustaba echarte de menos, pensar en irme sola a la cama...brrr, un escalofrío recorrió mi cuerpo...sí, te echaba mucho de menos.
Volví a intentarlo, me concentraría en no pensar en ti, en ver la tele y nada más, pero la programación no ayudaba demasiado en esto.
Empecé a sentir como el sueño entraba en mi cuerpo, cómo mis ojos se hacían pesados, las voces de la tele se alejaban de aquel cuarto y empezaba a sentir calor. Me dormí, en aquel gigantesco páramo en que se había convertido el sofá, en aquella casita construída con la mantita azul, con la única compañía de mis sueños, en los que aparecías tú, más presente que nunca, con tus ojos profundos clavados en mí, con tus fuertes brazos abrazándome... y sentí tu abrazo, y rocé tu piel, y recorrí la curva de tu espalda de principio a fin, y sonreí.
Me miraste y me guiñaste un ojo como sólo tú sabes hacer, y me lanzaste un beso pícaro mientras te alejabas, y yo no paraba de sonreir.
Sentí frío y me desperté, miré a mi alrededor buscándote, pero sólo había unos bonachones ojos marrones que me miraban curioso "Drakho, todo está bien, venga, es hora de ir a la cama", lo conduje a su sitio y cerré la puerta, apagué la tele y la luz y me fuí a la cama.
No fué sólo un sueño, pensaba, estuvo aquí, lo sentí, fué real...sentía que había ocurrido de verdad, aunque en el fondo sabía que eso era imposible.
Me acosté y miré la oscuridad. Quizás consiga volver a soñar con él y descubrir si todo había sido sólo eso, un sueño.
Cerré los ojos y me abandoné en los brazos de Morfeo.

jueves, 9 de octubre de 2008

Empieza la cuenta atrás...


Hoy elijo piso, y en el verano de 2010 estará construido y algunos meses después podré entrar a vivir en él.
Se acabaron los problemas con la casera, que no me arreglen los desperfectos, el tener que soportar unos vecinos maleducados, molestos y sucios, y un barrio desestructurado, ruidoso y cotilla... se acabó el sentirse fuera de lugar, el no querer gastar en acomodar la casa porque no es mía... por fin, podré sentirme en casa!!

Empieza la cuenta atrás, una cuenta que seguro se nos hará eterna... pero muy ilusionante, a pesar de los tiempos que corren, y a pesar de que muchos piensen que hipotecarse es una locura, y ahora más...me dá igual, creo que es una buena oportunidad la que se nos presenta y es algo que con el tiempo se ha ido volviendo una necesidad.

Empezamos a contar...

martes, 7 de octubre de 2008

Estoy

Ummmm...llevo unos días sentándome delante de la pantalla intentando volver a escribir, y nunca sé por dónde empezar, sobre qué hablar o divagar...y mis pensamientos se quedan en blanco.
No sé si será la falta de actividad de las últimas semanas en las que me he dedicado a descansar, poner en orden mi casita, y poco más. He dejado de hacer absolutamente cualquier otra cosa, me he desconectado al 100%.
Pero tengo ganas de volver, cuando todo está en calma, se hecha en falta el movimiento, la incertidumbre...ser más yo, que últimamente no me reconozco.
Creo que me hago mayor, la calma con la que me tomo todo es poco habitual en mí. Me vuelvo mas cerebral y menos impulsiva, y todavía no he decidido si eso es bueno o no.
Aunque empiezo a pensar que no es mal camino el que llevo, porque parece que todo va encontrando su lugar, y que los que me rodean también encuentran esa calma junto a mí, cuando antes sólo traía alboroto.

Ummmm...sí, definitivamente estoy madurando. Empiezo a plantearme muchas cosas para mi futuro, cosas importantes y serias, llenas de responsabilidad y fuerza de voluntad, y por primera vez creo que estoy preparada para ir más allá.
Empiezo a ponerme metas y plazos para conseguirlas, y es algo que no había hecho nunca.

Espero que todo esto no se quede en intenciones como siempre pasa cuando las cosas tienen que ver conmigo.