martes, 27 de octubre de 2015

Verde

A veces pienso que los humanos somos unos seres geniales, luego veo las noticias y se me pasa.
También pienso que la vida es algo más, pero van pasando las horas y vuelvo a la realidad del día a día.
Y es que la mente es tan única que nos muestra las infinitas posibilidades que hay, todas perfectas y magníficas, pero alcanzarlas es casi una utopía.

Yo sueño con que puede haber un mundo mejor, un plantea limpio, una vida sustentable. Pero por mucho que me esfuerzo, siempre hay algo que mejorar, y es casi imposible llegar a hacer todo tan bien, que nuestra huella en el planeta sea mínima. No me llegan 24 horas, ni mis recursos económicos, ni mis fuerzas. Porque ser ecológico es un esfuerzo herculano y una inversión para bolsillos amplios. Y lo peor no es eso, es que, quizá, los que realmente nos esforzamos en conseguir eso, seamos una minoría ingenua.
La unica solución es la extinción.
Nadie me quitará la idea de que el ser humano es un virus del que la naturaleza debe librarse. No contribuimos absolutamente en nada. Solo destruimos.
No soy capaz de pensar en algún aspecto en que los humanos hagamos algo bien hacia otras especies o el planeta.
Nada.
Cero.
No hay.

Y la vida así se plantea como un encaje de piezas en un mundo erróneo, en una lucha entre encajar o hacer el bien, entre sobrevivir o contribuir, entre esconder o saber... llorar.
Sí, llorar.
Al final es llorar en la ducha hecho un ovillo. Porque vamos de mal en peor.

Hay dias en que tengo todo el impulso para hacerlo bien, no coger el coche y desplazarte en bicicleta, aunque tu vida peligre, llegues tarde y sudando. No comprar ni cocinar productos procesados, manipulados, insanos y explotadores, aunque te cueste casi el triple de dinero, tardes mas en hacer la compra y a veces sepa peor. Reciclar todo lo posible, y comprar lo justo y preciso, sin embalajes innecesarios, bolsas y a poder ser de tiendas justas, aunque sean difíciles de encontrar, caras y no tan bonitas. Ser educado, honesto, preocupado y gentil con los demás cuando nadie lo es contigo, y en realidad tengas ganas de gritar a alguien, pegarle o asesinarle directamente. No consumir en exceso los recursos, contribuir con buenas causas, y dedicar tiempo a limpiar, cuidar o mantener espacios y seres de otras especies.
Eso si, sin dejar de trabajar, dormir, cumplir socialmente y todo lo que conlleva vivir.

Así que, hay días en que todo ese impulso desaparece, y te dejas llevar, por momentos, por la sencillez de no preocuparte por nada, comer sin mirar etiquetas, comprar ropa barata y preciosa, ir en coche a la vuelta de la esquina, pasar de todo el mundo e ir a lo tuyo sin preocuparte por nadie más. Y pasar por la vida como si no existiera nadie más en el mundo y no hubiera un mañana...
Os suena? Así es la mayoría. Y yo a a veces. Demasiadas.
Y es que hacer todo bien ya os comentaba que es difícil, caro y poco atractivo.
Supongo que un equilibrio es lo mas sano para encajar en este mundo y no volverte loco. Tratar de que tu impacto sea lo menor posible, comer y comprar lo necesario y más justo para todos y tratar de ser respetuoso con los demás dentro de tus posibilidades, porque si no, entras en una dinámica de que cada vez tienes que ser más ecológico, más sano, más solidario, más colaborador, y nunca es suficiente. Te estresas, te vuelves menos transigente y al final eres un bicho raro que por mucho que lo intente nunca dejará de ser un virus para el planeta, y aún encima amargado.
Estamos abocados a la extinción, y mejor más pronto que tarde.
Tratad de sobrevivir pero sin olvidar ser lo más verdes que podáis, quizá así la naturaleza nos condone la deuda que tenemos con ella, y la extinción sea un último recurso.